Los ataques de pánico

Actualizado el 28/05/2017

Hoy veremos algunas técnicas para enfrentar un ataque de pánico, pero antes veamos de qué se trata, cuáles son sus causas y sus principales síntomas.

Podríamos definir el pánico como la máxima ansiedad en situaciones inexplicables. Es decir, hablamos de pánico cuando la persona siente un nivel extremo de ansiedad sin ninguna explicación.

Por su parte, la ansiedad es un fenómeno producido por la reacción a la emoción ‘miedo’, causada por la liberación de varias hormonas en la sangre por las glándulas suprarrenales, especialmente la adrenalina.

En momentos de mucha ansiedad, dicha hormona es liberada en cantidades abundantes, preparando el cuerpo para grandes esfuerzos físicos, por medio de estímulos al corazón y la elevación de la presión arterial, aparte de la relajación de ciertos músculos y la contracción de otros.

Lataques de panicoos ataques de pánico son más comunes en personas con trastornos de ansiedad, tales como el trastorno de pánico y el trastorno de ansiedad generalizada.

Además, el pánico ocurre con más frecuencia en las mujeres que en los hombres, en una proporción de 2 a 1.

Si hacemos una pequeña reflexión, veremos que la ansiedad está relacionada con la anticipación de acontecimientos que podrían suceder. Pero principalmente con la sensación de que “malos resultados van a ocurrir”, con el temor de que las cosas puedan salir mal.

Podemos ver entonces que hay una estrecha relación entre la ansiedad y el pánico.

La frecuencia de los ataques de pánico es algo que dependerá de numerosas variables, pero podemos reducirlas a ciertas situaciones de amenaza: por un lado, las amenazas externas a la vida o la integridad del individuo y, por otro, las amenazas internas (orgánicas, a menudo desconocidas o no percibidas por el paciente).

Un trastorno incapacitante

Otro punto importante a destacar es que, pese a que es un trastorno emocional, el pánico produce un elevado grado de incapacitación y disminuye la calidad de vida de la persona.

La mayor parte de los pacientes que sufren de un ataque de pánico creen tener una enfermedad física en la siguiente distribución:

– 10% de las quejas gastrointestinales;
– 15% de los trastornos vestibulares, tales como mareos y laberintitis;
– 16% de las quejas cardiológicas;
– 35% de las quejas de hiperventilación;
– 30% de las quejas psíquicas.

Las causas de los ataques de pánico

Estudios recientes sugieren que el ataque de pánico ocurre principalmente por factores genéticos, ambientales y biológicos.

– La genética

Todo indica que las personas que tienen un miembro de la familia que ya sufre del mismo problema sean más susceptibles, pese a que no hay ningún gen específico identificado hasta el presente momento.

Podría pensarse que existiría una influencia del ambiente familiar, sin embargo, las pruebas realizadas en los gemelos que no vivían juntos muestran que la probabilidad de sufrir un ataque se incrementa.

– El ambiente

En este grupo se encuentran el alcohol, las drogas y cualquier sustancia que provoque una fuerte sensación de euforia seguida de una profunda depresión.

Las causas ambientales también se refieren a las circunstancias difíciles, tales como un desempleo prolongado, duelo, divorcio, enfermedad grave y estrés severo, entre otras.

Cuando estas condiciones se vuelven insuperables y persisten en el tiempo, una persona puede sufrir ataques de pánico más o menos intensos.

Por otra parte, hay eventos traumáticos, tales como el abuso sexual u otra situación violenta, que también pueden causar las crisis.

– Los factores biológicos

Las personas que sufren un episodio de este tipo parecen tener un defecto en el funcionamiento de los neurotransmisores (particularmente la serotonina y las catecolaminas) y en la regulación anormal de la hormona cortisol.

Es posible que una dieta baja en los precursores de dichos neurotransmisores sea una de las causas de la aparición de las crisis de pánico.

El precursor de la serotonina es el triptófano (que se encuentra en el arroz integral, los productos lácteos, la carne, huevos, pescado y chocolate) y el precursor de las catecolaminas es la tirosina (presente en las almendras, aguacates, plátanos y la leche).

Y hablando de hormonas, el riesgo de sufrir un ataque es mayor en las mujeres embarazadas, ya que ocurren grandes cambios hormonales durante este período.

Asociación de una crisis de pánico con lugares o situaciones

Las personas pueden sentir el primer episodio de pánico bajo cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Por ejemplo: mientras duermen, conduciendo un coche, en un centro comercial o en el hogar, entre otras situaciones.

De esta manera, quien sufre su primer evento traumático asocia inconscientemente los síntomas a las circunstancias en que se encontraba en ese momento.

Por ese motivo, es muy probable que esta persona intente huir de tales circunstancias para evitar sentir nuevamente los síntomas.

Por ejemplo:

– Si la persona tiene un ataque de pánico mientras conduce, es muy probable que desarrolle un enorme miedo a conducir.

– Si la primera crisis ocurre en un centro comercial, es posible que evite ir a lugares similares en el futuro.

– Cuando la persona tiene un ataque y siente dificultad para respirar, es normal que en el futuro evite los lugares donde se sienta encerrada y sin ventilación.

¿Qué síntomas tiene un ataque de pánico?

A continuación puedes ver los síntomas más frecuentes:

– Complicaciones para respirar o sensación de ahogo.

– Mareos, inestabilidad o desmayo.

– Palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado.

– Temblores leves o agudos.

– Sudoración.

– Náuseas, dolor de estómago o diarrea.

– Sensación de irrealidad, extrañeza o separación del ambiente que lo rodea.

– Sensación de entumecimiento u hormigueo.

– Ruborización o escalofríos.

– Dolor o malestar en el pecho.

– Miedo de morir.

– Miedo de eloquecerse o perder el control.

Por lo general, las personas con este trastorno son llevados a pensar que tienen una fobia, cuando en realidad lo que sienten es un miedo extremo de estar expuestas a experiencias potencialmente peligrosas.

Muy a menudo, las personas que sufren de este disturbio no son correctamente diagnosticadas.

Esto sucede debido a la dificultad que existe en su detección, pues a menudo los síntomas conducen a pensar que son sólo episodios de simple fobia o ansiedad.

Actitudes y pensamientos que pueden ayudarte durante un ataque de pánico

Es fundamental que no trates de luchar contra el pánico, pues no se trata de un mecanismo consciente, sino que se debe a mecanismos automáticos cerebrales localizados en regiones no conscientes y que son parte de un complejo sistema de defensa del organismo.

Claro está que la persona puede tomar algunas medidas para ayudarse, como las siguientes:

– Recurrir a técnicas de relajación, tales como la meditación o el yoga, por ejemplo.

– Utilizar cualquier método de distracción, tales como una música suave, una conversación tranquila con palabras que calmen y masajes relajantes, entre otros.

– Practicar el control de la respiración, inhalando y exhalando lentamente. A continuación, relajar los grupos de músculos más tensos (comenzar por la cara, la nuca, el cuello, los hombros, los brazos, el pecho y así sucesivamente). Para finalizar, aflojar la ropa y acomodarse en un lugar agradable, bien ventilado, lo más abierto posible.

Cuidado con lo que piensas

Por otra parte, lo que piensas en el momento de un ataque o crisis es muy importante: recuerda que la matriz del pánico es el miedo, un miedo incontrolable.

Entre los peores podemos destacar: el miedo de morir, el miedo a perder el control, la seguridad de que algo muy malo va a ocurrir, la seguridad de que estamos muy enfermos, porque las sensaciones son reales, y nadie logra descubrirlo o ni siquiera lo toma serio.

Está claro que es difícil contener estos pensamientos negativos, así que escribe todos los pasos mencionados anteriormente para evitarlos.

Por otro lado, las ideas a que debes darle prioridad en esos momentos son aquéllas que te alejarán del miedo:

– La seguridad lógica de que es sólo un ataque de pánico, sobre el cual no tienes el control, pero que pasará.

– La fe de que nada malo te va a suceder.

– El valor de enfrentar a la adversidad: “ya he pasado por cosas peores y sobreviví; sobreviviré a esto también”. O sea, de nuevo la lógica tratando de imponerse al “tsunami” ilógico del miedo.

Recuerda siempre que el miedo existe para defendernos y no para esclavizarnos: es nuestro aliado, no nuestro enemigo.

Consideraciones finales y tratamiento

Para finalizar, queremos subrayar que estas medidas que compartimos son inmediatas y paliativas.

O sea, deben ser utilizadas sólo hasta que puedas consultar a un especialista competente, pues se necesita de conocimiento especializado para realizar el tratamiento de un trastorno de pánico de forma efectiva.

Bien, esto ha sido todo por hoy, esperamos que esta información sobre los ataques de pánico y los consejos que te proporcionamos te sean de bastante utilidad y te ayuden a mejorar tu calidad de vida.

Si lo deseas, déjanos tus comentarios más abajo.

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